Yo como huevos de gallina contenta ¿y tú?

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(c) Pixabay

¿Huevos felices?

Sin duda alguna somos lo que comemos. Sin embargo, nos dejamos embaucar por lo que nos venden a la primera y no somos conscientes de lo que compramos. Es verdad que la economía no da para comprar productos caros pero ¿qué hay cuando el precio hace dudar de la calidad de los productos? Muchas veces compramos los productos más baratos sin pensar en lo que nos vamos a meter a la boca y el huevo no es una excepción.

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En España vas al supermercado a hacer la compra y llegas a la estantería de los huevos. Y entre tanto paquete ves las etiquetas: “huevos de gallinas criadas en jaulas (3)”, “huevos de gallinas en suelo (2)”, “huevos de gallinas camperas(1)”,  “huevos de gallinas ecológicas (0)”… miras el precio y dices “para qué tanto rollo, si todos se ven iguales. ¡voy a comprar los más baratos!”.  Al parecer es la elección más razonable pero ¿sabes lo que te estás comiendo?

Los huevos de gallinas criadas en jaulas provienen de gallinas que literalmente son amontonadas y apiladas en jaulas con el único fin de conseguir el producto. Son gallinas que no son libres, no viven en un ambiente natural. Son gallinas explotadas de forma intensiva, sufren estrés, dolores de huesos por confinamiento y pisotones de sus compañeras, su pico es amputado para reprimir ataques al vecino. Para evitar posibles infecciones por su antinatural superpoblación se les añade al agua de bebida sustancias químicas. Las gallinas criadas en el suelo sufren el mismo maltrato pero por lo menos viven en un corral, amontonadas, pero al menos pisando el suelo. Las gallinas camperas son gallinas que viven al aire libre pero siguen siendo alimentadas con alimento tradicional y son tratadas con medicamentos tradicionales también.

Los huevos ecológicos se dan por gallinas criadas al aire libre, gallinas a las que no se las ha suministrado antibióticos, hormonas o harinas de pescado y carne en la alimentación. Los cereales se dan en cultivos de producción ecológica. Si comparas un huevo ecológico con uno de gallina criada en jaula notarás, además de su indiscutible sabor, que la clara es más firme, comparada con los otros que la tienen más líquida, lo que deja a pensar en la calidad de las proteínas. Cuando lo pones en el sartén la yema queda en el centro y su color es realmente amarillo. No tiene nada que ver con el color naranja artificial de los huevos de gallinas criadas en jaula. La alimentación a base de cereales de producción ecológica y la forma de vida de la gallina son los que le dan calidad al huevo, dan el color de la yema y la firmeza de la clara.

Si crees que el precio de los huevos ecológicos es muy elevado te recomiendo que por lo menos intentes comprar los huevos gallinas camperas, que viven libres en el campo, se mueven, les da el sol y viven de una forma más natural ¿Quién se quiere comer el producto de una gallina deprimida, enjaulada, intoxicada por hormonas y antibióticos, estresada y gris? Yo no ¿y tú?

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¡Tengo frío! Tómate un… ¡¿chocolate con aguacate?!

A veces, las mezclas extrañas pueden sorprendernos.
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Son las 18:00 hrs.;aún media hora para que acabe la jornada laboral y mi tripa no deja de sonar. Lo acepto, el día de ayer no me dieron ganas de preparar comida en casa para traer a la oficina; no he traído nada para picar entre comidas y el día en el trabajo ha sido pesado. Además, no me ha dado tiempo de comprar nada ni en la máquina; hace frío, no quiero salir ni a la tiendita de la esquina a comprar nada, mi nariz puede congelarse.

¡Por fin! El reloj marca las 18:30 hrs. y salgo corriendo hacia mi casa; como no comí nada de colación y hace frío no se me antoja nada más que algo chocolatoso.  Cuando llega el tiempo de frío el cuerpo nos pide alimentos con mayor aporte calórico y ricos en grasa. Bajo del autobus; hace frío polar en la calle -sí, lo sé, que es otoño pero yo lo paso muy mal con el frío- pero mi hambre no me impide seguir adelante y voltear a asomarme a la tienda de los chinos a ver si tienen chocolates; me contengo, mi fuerza de voluntad triunfa y sigo adelante. Me imagino un brownie, un pan con nutella, una barra de chocolate; me relamo, babeo y me brillan los ojos. Sigo adelante, dudo un unos segundos y quiero regresar a la tienda de los chinos pero el frío no me permite perder el tiempo; mis manos están rojas, mi nariz sigue congelándose; mi instinto de supervivencia es más fuerte que mi glotonería y me dirijo a toda prisa hacia mi casa. En cuestión de minutos llego a mi portal: “Hogar, dulce hogar”, me digo a mi misma, “Por fin me he librado del gusanito de la tentación”. Ya calientita, sin abrigos y bien recibida por mi mascota, me relajo pero mi tripa vuelve a sonar: “Toc-toc, ¿hay alguien allí?, me dice.

Abro el refrigerador bruscamente y no encuentro nada interesante... ¿un aguacate y un par de tomates? ¡Menudo festín para quitarme el mono de dulce! Entonces, recuerdo una receta que vi en Pinterest sobre cómo hacer mousse vegano; una receta con cocoa y aguacate ¿con aguacate? ¡sí, con agaucate y todo! Después de combatir el frío, mi sentido de supervivencia me dice que ahora la misión es combatir el hambre, así que me animo a experimentar con esa mezcla extraña.

Busco en la alacena una bolsita con cocoa pura y ecológica, que compré un día para hacer otro festín culinario; encuentro mi sirope de agave de México, la batidora de mano y ¡listo! ¡A preparar mousse de chocolate! La verdad quedó muy bueno, tomando en cuenta que lleva aguacate.

El veredicto: la cocoa es la protagonista y el aguacate pierde su sabor; sólo le da textura a la cocoa. Sí, al fin y al cabo calorías, pero calorías sanas. En estos momentos de frío no se puede pedir más, estamos bajo los efectos de la depresión estacional, mejor conocida como el trastorno afectivo estacional, que afecta entre a un 1% y 3% de la población. Este trastorno está relacionado con el aumento del apetito y antojo de carbohidratos por lo que se recomienda sustituir esos antojos con ingredientes naturales y sanos. En lo personal, prefiero las calorías de la cocoa orgánica y las grasas insaturadas de origen vegetal que un pedazo de manteca con grasas trans que tardarán años luz en salir de mi organismo; tal vez el día que vuelvan los dinosaurios a la tierra. ¡Menos mal que no caí en la tienda de los chinos!

Mousse de chocolate vegano
Ingredientes:
1 aguacate pelado
1/4 de taza de cocoa pura en polvo orgánica
1/4 de taza de leche de almendras, coco o avena
2 cucharadas de sirope de agave (o cualquier endulzante natural)

Mezclar la leche vegetal, el sirope de agave y el polvo de cocoa en un recipiente hasta que quede bien líquido. Incluir el aguacate en el recipiente y con una batidora de mano triturar la mezcla hasta hacerla puré. Vertir el mousse en diferentes recipientes y guardar en el refrigerador para consumirlo después.

 A mi me quedó un pelín menos espeso, así que lo utilicé como nutella sobre pan de harina de espelta.
La receta original la puedes encontrar en : Mindbodygreen