GRANDES MUJERES

Tengo dos amigas a las que considero grandes mujeres, hechas y derechas. No es sólo por el hecho de que sean mis amigas, sino, simplemente, porque son de ese tipo de personas que te inspiran y te dan fuerzas cuando crees que tu ya no puedes con tu alma. Son de esas personas con la agenda llena, que tienen grandes responsabilidades, y aún así se las apañan para ayudar a los demás, manteniendo su propio equilibrio.

Una de ellas es, Ángela, de personalidad fuerte, de las chicas que nunca ha seguido los convencionalismos sociales. Sus habilidades como comunicadora y líder la han llevado a ser la directora una empresa de renombre.

Por el contrario, Mercedes, es una mujer dulce y un tanto tradicional, sumamente asertiva y centrada. Su sueño siempre fue tener una familia y nunca quitó el dedo del renglón, hasta que consiguió encontrar a la persona adecuada para formar la hermosa familia que tiene ahora.

Las dos son tan diferentes, pero con tantas cosas en común que hacen que las admire tanto. Las considero como un modelo a seguir, porque son mujeres que siempre se han escuchado a sí mismas, y han utilizado sus fortaleces para crear algo grande.

Ambas tienen grandes habilidades como comunicadoras: una es capaz de coordinar a todo un equipo de trabajo, mostrándose cercana y humana; la otra, es capaz de organizar y mantener la armonía de su familia con su autoridad y dulzura.

Son líderes por naturaleza, ya que la fuerza con la que emprenden sus proyectos contagia: una, enseñando con esmero valores sólidos a sus hijos con su ejemplo; la otra, demostrando a su equipo lo que es hacer un buen trabajo, gracias a la constancia y dedicación que presta hacia sus metas laborales.

En ningún momento de sus vidas titubearon, ni dudaron de el camino que eligieron. Siempre seguras de ir a lo que iban, ahora tienen los que se merecen: una vida extraordinaria. Ambas aman lo que hacen, ambas saben que nacieron para ello. Cuando las veo, observo en sus ojos un brillo que destella plenitud, ambas irradian una seguridad contagiosa.

Ellas transmiten esa magia que les llena de vitalidad y autenticidad, no sólo hacia ellas mismas, sino hacia todos las personas que les rodean. Aunque son dos mujeres normales, que meten la pata en muchas ocasiones, y se sienten mal cuando algo no sale como lo esperaban, lo que las diferencía del resto es que simplemente tienen hábitos que las hacen más fuertes:

Son capaces de identificar como se ven a sí mismas.

Puede que algún día se sientan inseguras, o vulnerables, derrotadas por el campo de batalla de la vida. Pero a pesar de sentirse así, son capaces de verse como realmente son, sin dramas. Aceptando sus virtudes y defectos.

Procuran conectar con su propia energía para cargar las baterías.

Se dan el tiempo de separar las actividades laborales o del hogar para cuidar de su cuerpo y descansar, una yendo a correr, la otra haciendo Yoga en casa. Se dan el privilegio de sentir su cuerpo y sus emociones, bailando, jugando, volviendo a ser niñas.

Intentan observar sus necesidades con frecuencia.

Las dos buscan, en cuanto pueden, la oportunidad de guardar silencio, un momento para escucharse a ellas mismas, para darse cuenta de cómo se encuentran y qué necesitan en cada momento.

Expresan sus necesidades de forma asertiva.

Con amor y respeto hacia los demás, expresan lo que les gusta y lo que les molesta, creando de esta manera límites sanos hacia quien les rodea.

todos los días se recuerdan a sí mismas lo bien que lo están haciendo.

No hay día en el que, aunque hayan tenido un mal día, dejen de recordarse lo bien que han estado haciendo las cosas hasta ahora y de paso, se recuerdan a sí mismas las cualidades que les han ayudado a conseguir sus metas.

Su actitud es un ejemplo para recordarme que si identificamos cómo nos vemos a nosotras mismas; si conectamos con la energía que nos carga las baterías; si observamos nuestras necesidades y las expresamos de forma correcta; y además, nos recordarnos lo bien que lo estamos haciendo; algo cambia mágicamente dentro de nosotras, y ese “algo” nos ayuda alinearnos con lo que somos y con lo que verdaderamente queremos. Entonces, de repente, todo lo que está a nuestro alrededor también comienza a cambiar, haciendo sintonía con nosotras mismas.

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